‘‘ Desde lo alto de la ladera sur de la ciudad todo se ve con otra perspectiva. Los
tejados cubren todo el desnivel hasta llegar a la Bahía como si se tratara de un gran
manto rojizo. A medida que el funicular va descendiendo lentamente entre las casas,
se comienzan a intuir angostas calles y pasadizos que te invitan a perderse por ellos.
Una zona que vive ajena al bullicio del centro llena de oportunidades para darte a
conocer lugares de alto interés cultural. Ambientes alternativos, locales, galerías de arte, restaurantes y todo ello con el sabor de lo auténtico. Una excelente manera de conocer ese Santander que no sale en las guías. „

El visitante que realice este itinerario conocerá la ciudad más incluso que algunos santanderinos y desde luego infinitamente más que el turista que se conforma con el Santander de postal. La ruta aquí propuesta bucea en los barrios y calles alejadas del circuito convencional desde el barrio de Canalejas hasta la Finca Altamira, una zona caracterizada por calles ‘pindias’ -de gran pendiente-, pasajes, patios de vecinos y recovecos, herederos de un pasado en el que a toda esta zona se la denominaba la ladera sur ‘del Alta’ y estaba poblada por huertas y rediles con animales de corral. Esta ruta es altamente recomendable para viajeros con gusto por lo arrabalero y devoción por el arte y el ambiente bohemio.

El Gurugú 
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El itinerario comienza en la puerta norte del Palacio de Festivales, la que da a la Cuesta del Gas. Una vez allí, hay que cruzar la carretera e internarse en la bocacalle que hay justo en frente, en la que se encuentra el bar Soto, y girar un poco a la derecha hasta encontrarse con unas escaleras. Esta vía se llama Subida al Gurugú y lleva directamente al primer punto del itinerario, un pequeño jardín comunitario al lado de la escalera, circundado por pequeños edificios de vecinos y que ha sido decorado por uno de ellos, un antiguo marinero al que llaman ‘Gringo’. Este artista ha creado una gran variedad de adornos y rincones con encanto a partir de materiales reciclados. Los árboles y los bancos están pintados, hay macetas realizadas con neumáticos, banderas blancas ondeando en los más insospechados lugares, antiguos flotadores salvavidas que hacen de marco a una pléyade de espejitos… Es tal el derroche de imaginación, colorido y ternura que aquí parece posible olvidarse de los problemas y desconectar.

Canalejas 
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Siguiendo la subida por las escaleras del Gurugú se alcanza el Paseo de Canalejas, una gran vía de pendiente acusada en la que pervive una mezcla de antiguas villas que pertenecieron a gente pudiente y edificios muy modestos con tejados rojos a cuatro aguas y fachadas de colores, en los que vivieron pescadores y trabajadores más humildes. Si al llegar al paseo se gira a la izquierda de las escaleras y se continúa el camino en descenso se llega al colegio Calasanz, que fue utilizado como Hospital de Sangre y cuartel de la Legión Condor durante la Guerra Civil. Si se prefiere, se puede continuar el ascenso por la derecha para llegar al Mercado Miranda y realizar la bajada después, alternando el itinerario por el Barrio Camino, Tetuán y el propio Paseo de Canalejas.

Mercado Miranda 
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Paseo de Canalejas, 85 Laborables de 11.00 a 14.00 y lunes, martes y miércoles de 18.00 a 21.00 horas. El Mercado Miranda es un pequeño edificio de 1912 que fue utilizado hasta hace unos años para la venta de alimentos. Tras una completa rehabilitación, el mercado se ha convertido en un centro cultural, sede de la asociación Espacio Imagen (www.espacioimagen.org), que organiza cursos, charlas y exposiciones especializadas en la fotografía, el vídeo y el diseño. El mercado acoge también un telecentro con acceso a Internet.

Barrio Camino y Tetuán 
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Por la parte trasera del Mercado Miranda desciende la calle principal del Barrio Camino, el comienzo de un paseo en el que se recomienda desviarse cuantas veces sea necesario por las calles que unen el barrio con el Paseo de Canalejas y éste con Tetuán, un poco más adelante. Pasear por esta zona consiste en equivocarse y llegar a una calleja sin salida o descender por unas escaleras que no llevan a ninguna parte. Da igual. Perderse de verdad en una ciudad con mar y construida sobre una montaña es imposible: sólo hay que
caminar cuesta abajo. Este área de Santander fue la sede de la antigua población marinera que trabajaba en Puertochico y que después fue trasladada al Barrio Pesquero.

Por eso, muchos de los bajos de las casas fueron en su día bodegas en las que se almacenaban los aparejos de pesca. Aquí son frecuentes las pequeñas tiendas y las tascas de toda la vida, así como los restaurantes especializados en marisco y pescado. Llegando ya a la vía principal que corta transversalmente Tetuán, la calle Casimiro Sainz, se ve en la rotonda de acceso al túnel la estatua de ‘La Sardinera’, un homenaje a todas las mujeres que hace años vendían aquí los productos desembarcados en Puertochico, como recuerda en su libro ‘La España Negra’ el escritor José Gutiérrez Solana: “las mujeres, con las piernas desnudas, abrumadas por el enorme peso de los capachos (cestos) llenos de plateadas sardinas, por cuyas rendijas iba escurriendo todavía agua y escamas que se las pegaban al pelo; otras iban cargadas con bonitos azulados y con reflejos metálicos, con las agallas todavía chorreando sangre, enormes y panzudos. Luego cruzaban marineros con trajes pintorescos, las boinas, sus vestiduras de hule y sus enormes botas con suela
de madera, que metían mucho ruido en el empedrado, llevando a cuestas las redes llenas de plomos, corchos y los remos de las traineras”. A muy pocos metros de la estatua, en la acera de la izquierda, se encuentra el Centro Cultural Doctor Madrazo (☎ teléfono 942 203 100)  , en lo que fue un mercado de abastos. Ofrece los servicios de biblioteca, acceso a Internet, exposiciones y conferencias.

Calle del Sol 
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La calle del Sol comienza a continuación de la de Tetuán, una vez salvada la rotonda en la que está ubicado el monumento a ‘La Sardinera’. Se trata de una calle muy especial. En su primer tramo se encuentran dos de las principales galerías del norte del país, Juan Silió, en el número 45 (www.juansilio.com), y Del Sol St, en el 47 (www.delsolst.com). En su segunda parte, después de cruzar Menéndez Pelayo, está caracterizada por la consecución de villas en la acera de la derecha: Villa Asunción, toda recubierta de hiedra, Villa Sotileza y el chalet Rosa María. A continuación, haciendo esquina con la calle Francisco Palazuelos se alza la iglesia del Carmen y comienza un núcleo cultural de gran importancia para la ciudad que entusiasmará a los amantes de la vanguardia y el arte al estilo de Candem. En pocos metros se concentran varias galerías: Roales, en el número 16; Demolden Video Project, en el 12 (www.demolden.com), y La Caverna de la Luz, en el 11 (www.lacavernadelaluz.es), además de varios bares de ambiente bohemio y música escogida y un par de centros asociativos, a la vuelta de la esquina, el Centro Cultural Europeo Eureka (www.eurekasantander.org) y la sede de la Asociación Cultural de Artistas Independientes, ACAI, (www.acaindependent.es). De esta manera, no es de extrañar que esta calle se haya convertido en un punto de encuentro para artistas, intelectuales y noctámbulos de todo tipo, que disfrutan de una variada oferta de ocio canalizada principalmente por la Asociación Sol Cultural (www.solcultural.com), nacida con el principal objetivo de lograr que las manifestaciones artísticas inunden la calle.

OTRAS GALERÍAS:
• Galería Nuble
C/ Daoiz y Velarde, 26 (www.galerianuble.com)

• Estela Docal
C/ Peña Herbosa,11
(www.esteladocal.com)
• Galería Siboney
C/ Castelar, 7
www.galeriasiboney.com
• Galería Este
Mercado del Este, local 12 www.galeriaeste.com

San Simón-Entrehuertas 
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La trasversal que corta el extremo de la calle del Sol es San Simón, una buena opción para continuar la ruta, especialmente si se hace cuesta arriba, en dirección a la zona de Entrehuertas y Prado San Roque, que es la forma más complicada de llegar al Río de la Pila y su Funicular, pero también la más interesante. Si el viajero se encuentra cansado, también puede bajar por San Simón y girar a la derecha por la principal, hasta la rotonda del Río de la Pila, pero se perderá un paseo por calles tortuosas, patios de vecinos y pequeños jardines que en otro tiempo fueron las huertas de las que se abastecía Santander, de ahí el nombre de la zona. La consigna aquí es la misma que en el barrio de Tetuán, no importa perderse y dar las vueltas que sea necesario.

Funicular 
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Sea cual sea la opción escogida en el anterior punto del itinerario, si se ha caminado en dirección oeste se alcanzará el Funicular, que tiene paradas en el Río de la Pila, y las calles San Sebastián, Prado San Roque y General Dávila. El plan perfecto aquí es montar hasta la última parada para admirar las vistas de toda la bahía con la ciudad a sus pies. El horario de funcionamiento es de 6.00 a 24.00 horas. Desde el alto de General Dávila pueden apreciarse los tejados rojos de los edificios viejos, las agujas y cúpulas de las iglesias y las grúas del Puerto, a lo lejos. Y durante el trayecto es mucho más sencillo distinguir las porciones pequeñas de ‘verde’ -así se le llama al césped- en los patios de las casas e, incluso, alguna huerta que ha sobrevivido al desarrollo urbanístico de la zona a partir del incendio de 1941 y que acabó con los vergeles de verduras, hortalizas, árboles frutales y viñas de chacolí. Después de un descanso, se puede descender por la calle Prado San Roque y después por las escaleras de lo que ya comienza a denominarse Río de la Pila.

Río de la Pila 
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De las seis fuentes que había en la villa, las más famosas eran las de Becedo y la del Río de la Pila, una calle que tomó su nombre del manantial que discurría por la ladera y desembocaba en el mar, frente a lo que hoy es el arco del Banco Santander. Toda esta zona extramuros constituía el arrabal y cobijaba a gente humilde, pescadores y marinos. En la segunda mitad del siglo XIX, la calle recibió un gran impulso con la construcción de la famosa Casa de Baños de Arístides Toca, que atrajo a la alta sociedad santanderina y después se convirtió en el Teatro Pereda, y la del Casino Kursaal, el núcleo del ocio nocturno de esa época. Este es el precedente de lo que sigue siendo hoy en día esta calle, epicentro renovado de la vida nocturna de Santander después de varios altibajos. Por ejemplo, en la segunda mitad del siglo XX, tuvo lugar una época dorada para algunos establecimientos de la zona, como el restaurante El Riojano, que además de buenas comidas ofrecía tertulias con algunos de los intelectuales más interesantes del momento. Otro momento importante en la historia cultural santanderina y que tuvo eco en algunos de los locales del Río de la Pila se produjo entre 1977 y 1985, de forma paralela a la Movida Madrileña, pero con peculiaridades que la llevaron a distanciarse concienzudamente adoptando el apelativo de ‘la Marejada’. Este movimiento fue tan amplio que abarcó géneros tan dispares como el punk y el tecno-pop y fue impulsado por jóvenes que no estaban dispuestos a adoptar las pautas de una generación conservadora que había vivido bajo la dictadura franquista. Después de años en los que el ocio aquí dejó de ser todo lo interesante y seguro que fue, hoy la zona es uno de los centros neurálgicos de la cultura alternativa en Santander y atrae a un tipo de público que disfruta con la música no comercial y conoce de tendencias y cosmopolitismo, gracias en gran parte al trabajo realizado por la restauración y los bares nocturnos que se agrupan en la asociación El Río Suena (cuandoelriosuena.com).

Paraninfo de la UC y CASYC 
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C/ Sevilla y C/ Tantín
Para continuar con el paseo hay que tomar una de las transversales del Río de la Pila, la calle San Celedonio, que tiene una fisonomía muy parecida a la del resto de calles por las que se ha transitado este itinerario tan alejado del Santander señorial. A pocos metros, en la confluencia con la calle Sevilla, los amantes de la cultura disponen de dos centros de referencia en la ciudad. En el CASYC (Centro de Acción Social y Cultural de Caja Cantabria) se programan constantemente exposiciones, funciones de teatro y proyecciones, entre otras actividades (casyc.com/cultura) y en el Paraninfo de la Universidad de Cantabria (UC) suelen celebrarse exposiciones, conferencias y presentaciones de libros (www.unican.es). Frente al paraninfo hay un edificio con una pintura mural en su fachada en la que se representa a 14 escritores cántabros con influencia en la región.

La Atalaya
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De vuelta a la calle San Celedonio, se puede continuar recto hasta la transversal Cuesta de La Atalaya, que como su nombre indica conectaba el centro de la ciudad con la edificación defensiva desde la que se vigilaba la llegada de barcos a Santander. Esta cuesta también era testigo del trasiego de las agricultoras de este lado de la colina y del de mas allá, en Las Llamas (Itinerario 4 – Ver páginas 85-89), que acudían a la plaza a vender los productos de sus huertas. Los carros tenían dos ruedas pequeñas delanteras y dos grandes traseras, para poder vencer las pendientes con más facilidad.

General Dávila
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A lo que hoy es la calle General Dávila se le llamaba antiguamente ‘el Alta’ por ocupar la cresta de la colina sobre la que se asienta una gran parte de la ciudad, la que le confiere sus características cuestas. El nacimiento de esta vía tiene un origen militar. Fue trazado con motivo de la guerra contra los franceses por el mariscal Pignatelli para transportar con facilidad armamento a los fuertes que se construyeron aquí, como el que hoy es el centro cívico María Cristina, o los ya desaparecidos Fuerte de Isabel II y Fuerte de López Baños. Esta zona debía mantenerse muy protegida, ya que desde aquí podía atacarse muy fácilmente al resto de la ciudad. Caminando unos metros a mano izquierda, según
se llega a General Dávila al final de la Cuesta de La Atalaya, se llega a la Finca Altamira un lugar de esparcimiento con servicios especiales para la tercera edad y que entre sus atractivos cuenta con los huertos sociales sostenibles, en los que se enseña a cultivar. Un poco más adelante se encuentran el Conservario Ataulfo Argenta y el Conservatorio Jesús de Monasterio.