‘‘Han pasado muchos siglos desde que se colocara la primera piedra de la que hoy es la Catedral de Santander. Sus muros fueron testigos mudos de días difíciles como aquellos en los que la ciudad ardió en llamas víctima de un incendio que la hizo tambalearse o aquel en el que un carguero explotaba en los muelles cercanos
haciendo temblar sus pilares. Pero también lo fue de días felices. Días en los que Santander se vistió de largo y lució sus mejores galas. En la actualidad, rodeada de edificios emblemáticos, ve como la capital santanderina ha ido evolucionando hasta convertirse en lo que es hoy en día, una ciudad dinámica y cosmopolita que abre sus puertas al visitante. Frente a la Catedral, en el monumento que recuerda la ría que discurría junto a ella, contemplamos su reflejo y comenzamos este itinerario que nos dará a conocer lugares y hechos singulares de la vida de esta ciudad.”

El paseo que plantea este itinerario recorre la parte de la ciudad primitiva, la semilla del Santander actual, cuya fisonomía ha cambiado mucho más que lo normal en otras ciudades por los rellenos de la bahía y las catástrofes que, una tras otra, sacudieron Santander hasta mediados del siglo XX. Así, guerras, incendios y hasta una explosión de enormes dimensiones han configurado una nueva ciudad de Santander, que ha sabido recuperarse de cada caída. La ruta que proponemos parte de lo que antaño se denominó como la Puebla Vieja (zona de la catedral) y recorre parte del ensanche de Santander, planeado a finales del siglo XVIII.

Plaza de las Atarazanas 
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A los pies de la escalinata de la catedral se encuentra la plaza de las Atarazanas, un lugar hasta el que llegaba el agua del mar y en el que funcionaban los astilleros desde el siglo XIV. Más tarde, Santander se convirtió en la principal base naval de las armadas de Felipe II y aquí se reparaban y construían tanto barcos de pesca como de guerra. El edificio ubicado en el lado izquierdo de la plaza, si se mira ésta de frente a la catedral, es el de Correos. Levantado en 1916, tiene muchos elementos del estilo regionalista montañés, que tan popular fue a principios del siglo XX, más apreciables si se bordea el edificio hasta su fachada principal.

Banco de España 
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A la izquierda del edificio de Correos, desde su fachada principal, se encuentra el inmueble que hasta el año 2011 albergó el Banco de España. Inaugurado en 1922, tiene la forma de un palacio clásico renacentista. La planta es rectangular y cuenta con un gran patio cubierto por una vidriera. Este edificio fue construido en el solar que antes ocupaba el fuerte de San Felipe, una fortaleza medieval construida en tiempos del rey Alfonso II y que fue demolida a finales del siglo XIX.

El del Banco de España, el de Correos y la iglesia del Cristo fueron los únicos edificios importantes que se salvaron del incendio de Santander de 1941, al que coloquialmente se le denominó como ‘El Andaluz’, porque empezó en la calle Cádiz y terminó en la calle Sevilla.

Plaza de Alfonso XIII
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Conocida popularmente como plaza de las Farolas, este espacio ha sido recientemente remodelado con unas obras en las que también se han recuperado los antiguos muelles de la ciudad, construyéndose un centro de interpretación, el CIAMS (Sección ‘Museos’ – Ver página 28) que se puede visitar gratuitamente de lunes a viernes solicitando cita en la oficina de Turismo de los Jardines de Pereda.

Jardines de Pereda 
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Tendidos junto a la bahía se encuentran los recién renovados jardines de Pereda, presididos por un monumento en homenaje al insigne escritor montañés José María de Pereda, al que se le representa rodeado de algunos de los personajes de sus obras. Otro monumento que se puede encontrar en estos jardines es el dedicado a la escritora Concha Espina, una sencilla fuente realizada el mismo año que fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura, en 1927, y que fue inaugurada por el Rey Alfonso XIII. Se añadió un frontón en homenaje a su hijo, Víctor de la Serna, reconociéndolo como uno de los más renombrados periodistas del siglo XX. Junto a la zona más cercana al hotel bahía se encuentra el Monumento al Incendio y Reconstrucción.

Paseo de Pereda
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En paralelo a la línea que trazan los jardines de Pereda se encuentra el paseo con el mismo nombre. Sus señoriales edificios orientados al mar, entre los que se encuentra la central mundial del Banco Santander, configuran una de las riquezas artísticas más importantes de la ciudad y son ejemplo de casi todos los estilos arquitectónicos del período comprendido

Banco Santander
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El edificio del Banco Santander fue construido en 1875 por Atilano Rodríguez y reformado en 1945 por Javier González de Riancho.
Su fachada, que tiene más de cuarenta balcones de forja y piedra, está coronada por cuatro grandes estatuas que representan las artes, la cultura, el comercio y la navegación. En el plano inferior, un gran friso representa la banca protegiendo las industrias, los altos hornos, la minería y los deportes. Las dos fachadas del edificio están divididas por un gran arco y una galería subterránea y, aunque lo parezca, no son simétricas puesto que la parte de la izquierda cuenta con un balcón menos que la de la derecha.

Plaza Porticada
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La emblemática plaza Porticada, o plaza de Velarde, es un ejemplo de la arquitectura neoherreriana que se adoptó por lo general para la reconstrucción del centro de la ciudad tras la Guerra Civil y el incendio de 1941, que habían convertido a Santander en un solar.
Los muros de esta plaza, en la que puede apreciarse una figura en bronce del héroe cántabro de la Guerra de la Independencia, Pedro Velarde, los forman los edificios de Caja Cantabria, la Cámara de Comercio, Delegación de Hacienda, Delegación de Defensa y la Delegación del Gobierno en Cantabria. La plaza Porticada es emblemática y un punto de encuentro protagonista de la vida de los santanderinos. Desde 1952 hasta 1990 fue el escenario del Festival Internacional de Música y Danza de Santander, por el que pasaron figuras de renombre como Rostropovich, José Carreras y Rubinstein. En la actualidad, sigue acogiendo conciertos y actuaciones, especialmente en verano. Con algo de suerte, en esta plaza podrá disfrutar de la música de Pedro ‘el de la Porticada’, un perro callejero, como él mismo se ha bautizado en su primer disco, que lleva décadas tocando en estos soportales y que todo el mundo conoce. En un lateral de la plaza se encuentra un yacimiento arqueológico en el que puede contemplarse la antigua muralla medieval que desde el siglo XIII separaba el entorno urbano del mar y lo defendía.