En el punto más alto de la península de La Magdalena, rodeado de bosques y acantilados, se erige el Palacio de La Magdalena, construido por suscripción popular como sede de verano de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Un acontecimiento que cambió la historia de la ciudad, convirtiendo a la capital cántabra en corte veraniega y en destino turístico de buena parte de la aristocracia y la burguesía del país y como consecuencia, en motor económico y social de Santander.
A lo largo de un siglo fue testigo fiel de la historia reciente de la ciudad y del país. En 1933, se convirtió en la Universidad Internacional de Verano de Santander, un proyecto educativo brillante, germen de la actual Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) que hoy en día, tiene en este edificio su sede más reconocida donde, cada año, desarrolla sus prestigiosos cursos de verano. Se trata del edificio más emblemático de la ciudad junto con el Centro de Arte Botín que se construye en el muelle de Albareda.

En efecto, Santander se ve beneficiada por el tirón turístico y mediático de la Universidad y del propio edificio. Proyectado por los arquitectos Gonzalo Bringas y Javier González de Riancho -dos jóvenes montañeses (santanderinos) que acababan de licenciarse-, fue entregado en 1912 a la Familia Real, que lo utilizó como residencia veraniega desde 1913 hasta 1930. Cada mes de julio, los reyes llegaban a Santander acompañados por sus cortesanos más próximos y la ciudad se convertía en la capital política del Estado, en una época crucial para la historia de España y en la que se vivió el fin de la Restauración.
Tras la desaparición de la monarquía, el gobierno republicano, que se había incautado del edificio, decretó que fuera la sede de la Universidad Internacional de Verano (actual UIMP). En 1977, el Ayuntamiento de Santander compró al Conde de Barcelona la Península de La Magdalena, con todas sus construcciones.
Este palacio de estilo inglés, cuyo coste ascendió a 700.000 pesetas, consta de cinco plantas que albergan un buen número de salas nobles muy bien conservadas. Los espacios más llamativos son el Hall Real, el Salón de Familia y el de Baile. En su interior se conservan muebles antiguos, cuadros y fotografías de gran valor.